Violencia de la oposición venezolana como única opción

Fotografía: Facebook
El pueblo venezolano ha sobrevivido hasta ahora en una guerra económica, con una escalada de violencia por parte de la oposición, financiada del exterior.

Estoy aquí en Caracas, donde pude presenciar directamente lo que sucedió en las calles durante las manifestaciones violentas convocadas por el eterno candidato a presidencia de la oposición Henrique Capriles [1] y el actual presidente de la Asamblea Nacional, Henry Ramos Allup, en contra del gobierno de Nicolás Maduro. Es imprescindible mostrar lo que miembros de las guarimbas fueron capaces de hacer esta vez. Vean este video:

Esta servidora pública tiene apenas 22 años de edad y su misión era no permitir que los manifestantes cerraran la Avenida Libertador. Por hacer su trabajo, ella fue blanco de múltiples lesiones en el cuerpo. No la mataron a piedrazos porque un desconocido se puso en medio de los agresores y la víctima. Seis de esos cobardes ya fueron detenidos y obviamente 3 de ellos son reincidentes de las manifestaciones violentas de febrero de 2014 que costaron la vida de 48 venezolanos. Ellos son los carroñeros de Leopoldo López, Henrique Capriles y Henry Ramos Allup. Son estos delincuentes quienes amarraban alambres de púas de poste a poste para degollar a motociclistas inocentes, y así, instalar el pánico en la población civil.

Ninguna de estas informaciones fue portada en algún medio internacional. Así como en ningún medio se publicó que eran máximo 500 manifestantes que tenían como objetivo darle a los medios internacionales, heridos, sangre y en el mejor de los casos, un muerto. De esta forma conseguirían un hecho mediático para reafirmar la acusación de que supuestamente Maduro es un dictador. ¿Cómo puede un dictador aceptar una derrota electoral, como la última sufrida en diciembre de 2015 para la conformación de la Asamblea? Ningún articulista del NYT lo analiza.

La estrategia para retirar al Chavismo del gobierno se hace totalmente evidente. Se inicia con los pronunciamientos de Obama, Biden y Kerry, comúnmente posicionando opiniones sobre los problemas internos de Venezuela. Estos pronunciamientos sirven para conseguir que la gran masa de analfabetos funcionales de la clase media y pobres de los EE.UU. llenen sus vacíos de conciencia enviando a sus hijos a una nueva invasión. En un segundo acto, Obama, el más hipócrita de los presidentes norteamericanos, publica un decreto apuntando a Venezuela como una amenaza a su seguridad nacional, creando así la viabilidad legal necesaria para ordenar la invasión preventiva. Lo mismo que se hizo en Irak con las mentiras sobre las armas químicas de destrucción masiva.

Lo que faltaba para que los EE.UU. puedan asaltar los recursos naturales venezolanos y desaparecer un modelo económico y social que amenaza su hegemonía cultural, era crear un clima interno negativo hacia el gobierno. No hablo de encuestas, que presentan números conforme el tipo de pregunta, ni a derrotas electorales, que en el caso de Venezuela también fue resultado de una ineficiente campaña por parte del PSUV; hablo del clima generado en la población por el tema de la guerra económica. La derecha encontró un punto débil en la gestión bolivariana, así como en todos los gobiernos de izquierda en el continente: Ecuador que depende de la entrada de dólares, Bolivia que tiene un mal manejo de su comunicación interna, Argentina que no pudo crear una generación que sustituya a Cristina Fernández de Kirchner. En el caso de Venezuela, pese a los incontables logros sociales, a la unión cívico-militar, a su riqueza natural, su tendón de Aquiles es la total y absoluta dependencia de la importación, producción, distribución y comercialización privada de alimentos, medicinas y otros bienes de primera necesidad. A diferencia de los demás países citados anteriormente, Venezuela no consiguió durante los casi 20 años de Revolución Bolivariana, alcanzar la soberanía alimentaria y en la producción de medicinas. Las condiciones estaban dadas.

Hay una gravísima situación social en la que se encuentra todo el país, resultado de la falta de comida y remedios para el pueblo. Sí, es verdad que existen grandes filas, que generan horas de espera para poder comprar un poco de comida.

Es terrible lo que el pueblo venezolano de todas las clases sociales tiene que pasar. Pero lo más interesante y trágico a la vez, es que esa penalización popular es resultado de la misma estrategia que en 1973 preparó las condiciones en Chile para el golpe de Estado que asesinó al presidente Allende. La idea es que los grandes grupos económicos no solo no produzcan, sino que desaparezcan de las perchas todos los productos básicos para la supervivencia de una familia. Es común que en Venezuela los ríos amanezcan blancos de leche para desaparecerla de los mercados. La última vez que estuve aquí, el principal fabricante de toallas higiénicas íntimas femeninas, que cubre el 90% de la demanda a nivel nacional, había paralizado su producción. En menos de una semana, las mujeres venezolanas no tenían más el producto a su disposición. Así de simple. ¿Qué se genera con esa escasez? Primero una inmensa irritación en la población, que se pasa horas y horas para poder comprar un kilo de azúcar. Segundo, una hiperinflación descontrolada. Obvio, un producto que costaría 0.25 centavos de dólar, llega a costar 5 dólares en el mercado negro. Todo esto sin nombrar la baja del precio del petróleo que afecta a un país que depende 100% del mismo para sostener los programas sociales que sacaron a millones de la pobreza y la invisibilidad. Hay otros problemas económicos graves en el país. Pero pese a todas esas dificultades, Venezuela tiene apenas un 6% de índice de desempleo, la quinta más grande población universitaria del mundo y acceso universal a la salud, como algunos de los ejemplos que han permitido al tejido social a resistir a los ataques a su calidad de vida.

A pesar de esa resistencia social, todavía latente en amplios sectores de la población, la derecha decidió avanzar en un pedido de revocatoria, previsto en la Constitución Bolivariana, no con la intención de derrocar a Maduro, sino de crear otro hecho mediático. Afirmo categóricamente eso, ya que pese a que la misma derecha preside la Asamblea venezolana conoce todo el procedimiento para alcanzar el referendo, este fue realizado sin cumplir en absoluto los reglamentos para el mismo. ¿Cuál es el resultado de la recolección de firmas? Un fallo del organismo electoral, indicando que no tiene validez. Esto es suficiente para que una derecha sin militancia, con el amplio apoyo mediático y financiamiento internacional, salga con sus 300 pelagatos a gritar que hay una dictadura porque están vulnerando sus derechos constitucionales a la revocatoria. Y de esa manera, inician nuevamente el clima de incertidumbre y violencia, como el de 11 de abril de 2013, día en el que Leopoldo López, Capriles y Allup enviaron a las calles a grupos paramilitares, disfrazados de estudiantes, a matar. Tanto es así, que uno de los grupos de Capriles incendió un jardín de infantes con más de 30 niños dentro, lo que provocó graves heridas a los niños y los funcionarios. Eso no lo dicen los medios internacionales.

Las marchas de ayer tienen ese objetivo. Hacer un framming de la realidad, conseguir algunas fotos para las agencias internacionales de noticias, para crear un clima de violencia en el país, y así justificar una invasión armada por parte de los EE.UU. Las condiciones están dadas. El único país en la región que realmente tiene peso diplomáticamente, y que no es la misma Venezuela, es Brasil. El mismo que acaba de pasar por un golpe parlamentario-jurídico-mediático, y que tiene como presidente interino un informante de la CIA, y como Canciller a un reaccionario responsable por la privatización de todos los recursos del estado durante el gobierno de Fernando Henrique Cardoso. José Serra, férreo opositor de todo lo que sabe a izquierda, ahora cumplirá a raja tabla la ruptura de Unasur, Celac y Brics. Su esfuerzo será fortalecer TLCs y desarmar organizaciones que construyen la integración política y soberana del continente.

El pedido del ex presidente de Colombia, Álvaro Uribe que hizo a EE.UU. para que invada Venezuela, es un síntoma de lo que viene. Este narcotraficante (públicamente conocidofuncionario de Pablo Escobar), paramilitar (fundador de las Convivir que dieron origen a lasAUC) y genocida (tiene a su haber más de 30 masacres de las Convivir en Antioquia cuando fue su Gobernador, el caso de los Falsos Positivos, y demás masacres del Ejercito cuando fue presidente) realizó el pedido el pasado 12 de mayo desde Miami.

Justo el mismo personaje que financió a la derecha venezolana y públicamente apoyaba a Leopoldo López y Capriles, inclusive viabilizando el entrenamiento de opositores venezolanos con paramilitares colombianos, para ejecutar lo que ellos llamaban del Plan“La Salida” para derrocar al presidente Nicolás Maduro en 2014.

Es necesario que el gobierno del Presidente Maduro, que poco a poco se va aislando con el avance conservador en Argentina y Brasil, esté preparado para lo peor. Todavía está a tiempo de realizar lo que sea necesario para garantizar el abastecimiento a la población, inclusive por medio de la nacionalización de empresas que paralizaron su producción.

Durante las marchas del 18 de mayo, un venezolano chavista me dijo “Oye chico, esta vez nosotros no estamos dispuestos a quedarnos en casa y dejar que las guarimbas estén en las calles. Ya avisamos que no nos cogerán de sorpresa”. Esta alerta anunciada por un ciudadano de a pie, chavista y trabajador, es el contrapunto de los pocos manifestantes de oposición que buscan el caos.

El pueblo venezolano ha sobrevivido a una guerra económica por más de un año, sin que se levanten en contra del gobierno de Maduro. Eso es resultado de un complejo tejido social, que no está dispuesto a pisar en las trampas mediáticas de la oposición. La insatisfacción de las amplias bases sociales que apoyan al gobierno, son canalizadas por las vías democráticas, es decir, en las urnas. Cumplieron un voto de castigo y permitieron la ascensión de la derecha a la Asamblea Nacional. Sin embargo, el desgaste político del PSUV no significa necesariamente que la derecha haya ganado apoyo popular. Esta hipótesis va de la mano con la bajísima participación social en las marchas de la derecha. Es un ejemplo claro de conquista y fortalecimiento de la democracia. La derecha comprendió que eso es una gran desventaja para sus banderas desestabilizadoras, por eso decidió cambiar claramente la estrategia, retornando a la violencia física, ya que la violencia financiera y mediática, no alcanzaron los objetivos.

Notas:

[1] Candidato en las elecciones presidenciales de 2012 en las que perdió frente al candidato reelecto Hugo Chávez y candidato en las elecciones presidenciales de 2013 en las que perdió frente al candidato Nicolás Maduro.

Publicado en: Cuba Debate

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