Suscribo como ciudadano: todos somos la columna vertebral de este país

Este sábado durante el enlace ciudadano 491, el presidente Correa brindó una extensa explicación sobre el caso de Edwin Ortega, Capitán de la Armada, quien respondió un correo electrónico enviado por el presidente argumentando que las decisiones tomadas por el gobierno, “debilitan” y “humillan” a las Fuerzas Armadas. Como es su costumbre, el presidente Correa explicó a profundidad el motivo de la acción legal que ha tomado para que el subordinado sea sancionado. La oposición dejó a un lado el trasfondo del correo, intentando posicionar la explicación del presidente como una actitud visceral, como una medida de fuerza desproporcional de la máxima autoridad del Estado en contra de un ciudadano que ha sido tomado como una valentía del pobre David enfrentando a Goliat. Como siempre, intentando disminuir la problemática a un enfrentamiento por una cuestión de ego del presidente. ¿Qué hay de malo? Es solo un email de un ciudadano reclamando a Correa. Descontextualización, la principal táctica utilizada por algunos comunicadores, transformándolos en paraperiodistas ecuatorianos.

La actitud del Capitán, es una trampa que el gobierno inevitablemente tenía que pisar. Actualmente el gobierno de la Revolución Ciudadana combate la postura de ciertos mandos militares, que insisten en mantener la vieja República Independiente de las Fuerzas Armadas, sustentada financieramente por la ciudadanía, pero sin que la misma ciudadanía ejerza su mando constitucional sobre ella. El embate político en este terreno cívico-militar es extremamente delicado, pero indispensable para la supervivencia de la democracia en nuestro país. Bajo el punto de vista legal, político, financiero, económico y ético no se puede aceptar que las Fuerzas Armadas se insubordinen a las decisiones de sus jefes civiles, mucho menos continuar aceptando a que los militares aún tengan bananeras, camaroneras, hoteles, siderúrgicas, o que su seguridad social sea sustentada por el dinero de nuestros impuestos, pero que funcionen bajo las leyes de su injusta y inequitativa República Independiente. Enfrentar esta realidad y decidir cambiarla es algo que beneficiará a todo el país, y como siempre, es el camino optado por el presidente Correa.

La derecha ecuatoriana apostaba todas sus fichas en esta contra-ofensiva de insubordinación. Creían que podrían calentar los cuarteles, llamando a un golpe militar en contra del Presidente y del pueblo ecuatoriano. Parece que no ha funcionado hasta la presente fecha. El primer síntoma es que ahora los ataques de los paraperiodistas apuntan hacia el temperamento del presidente, como si fuera una disputa personal, algo medio fálico, edipiano, una necesidad de autoafirmación de la persona Rafael, en el uso de sus atribuciones de Presidente Correa. Cuando el eje de la argumentación se sustenta en un supuesto temperamento, es que los hechos reales y legales no favorece al rancio conservadorismo de la oposición. Es señal de que se ha avanzado.

Cuando la Revolución Ciudadana gana las elecciones en el 2006, las Fuerzas Armadas ya eran conformadas por un grupo de hombres valientes, dedicados a la Patria, vencedores de batallas, verdaderos héroes comprobados en combate. Los sueldos de la tropa no eran compatibles con su valentía, su parque militar era inexistente. Nunca la Patria los había reconocido oficialmente como héroes. No tenían barcos, no volaban sus aviones, no existían camiones para el transporte de la tropa. Los radares eran un sueño distante. Su armamento era chatarra. Los avances de la Revolución Ciudadana en la reestructuración de sus capacidades con la adquisición de equipos nuevos, aumento de sueldos, y repotenciación logística fueron totalmente notables en tiempos de paz. Durante el trágico terremoto de abril, las Fuerzas Armadas pudieron llegar inmediatamente a las zonas afectadas gracias a la inversión pública. Si no fuera por la decisión del Presidente Correa de adquirir aviones, helicópteros, camiones y equipos, ni que decir del ECU 911 y la creación del Ministerio Coordinador de Seguridad, las Fuerzas Armadas no hubieran podido salvar tantas vidas.

Cada ciudadano es la columna vertebral de este país. Los militares son servidores públicos que tienen una vida muy dura, que arriesgan su vida diariamente. Al igual que los pescadores artesanales de Crucita, los obreros que construyen las hidroeléctricas, los choferes de transporte interprovincial de Riobamba y las madres solteras de Machachi que cuidan a sus hijos con discapacidad severa. El sol nace para todos. No podemos permitir que los beneficios adquiridos a partir de la dictadura militar, se mantengan a costas del trabajo de esos pescadores, obreros y madres solteras. Fueron ellos los que financiaron la creación de esa República Independiente de las Fuerzas Armadas, son ellos los que ahora exigen igualdad y equidad.

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