Operador del golpe en Brasil es condenado a 15 años de cárcel por corrupción

Eduardo Cunha, ex diputado federal y presidente del Congreso brasileño, fue condenado el 30 de marzo de 2017 a 15 años de cárcel, por los crímenes de lavado de dinero, corrupción y evasión fiscal. Cunha se hizo mundialmente conocido por operar desde la Presidencia del Congreso el golpe parlamentario contra Dilma Rousseff. Fue condenado en primera instancia por el juez Sergio Moro, ya que Cunha había sido destituido de su curul en el 2016, perdiendo así su prerrogativa de foro.

La corrupción que Eduardo Cunha denunciaba en contra de Dilma Rousseff fue la misma que le proveyó millones de dólares para tener bajo su mando casi dos terceras partes de la Cámara de Diputados. Cunha, con la ayuda de otros diputados, extorsionaba a las empresas proveedoras del Estado, con amenazas de impedir la contratación de las mismas a través de denuncias y vistas a los contratos, si no accedían al pago de coimas. De esa forma, Cunha llegó a realizar movimientos por más de 150 millones de dólares en sus cuentas en Suiza y Panamá, usando esos valores para comprar los votos y el apoyo de los diputados. De esa manera, se hizo presidente del Congreso, sin que tuviera el apoyo del bloque oficialista del cual era parte.

Desde 2003 Cunha era líder del bloque del Partido do Movimento Democrático do Brasil (PMDB), el mismo de Michel Temer, hasta que las investigaciones de la Lava-Jato amanezaron su esquema de control del Congreso y su propia tranquilidad para extorsionar. Conforme el avance de dichas investigaciones, Cunha inició una tentativa de chantaje a la presidente Dilma: si continuaba investigándolo, la tumbaría. En un harakiri político, Dilma no aceptó las amenazas de Cunha y avaló el avance de la Lava-Jato. Pese a su destitución, hasta la presente fecha, la investigación Lava Jato no produjo ni una sola prueba material en contra de los ex presidentes Dilma y Lula.

En diciembre de 2015, cuando Cunha inició el juicio político en contra de la presidente Dilma, la Policía Federal decomisó sus residencias, inclusive, la oficial del presidente en funciones del Congreso, como parte de la investigación en su contra. En ese mismo mes la Fiscalía Federal pidió ante la Suprema Corte que fuera suspendido de su investidura.  Un mes después de liderar el proceso de destitución a Dilma, la Suprema Corte falló en su contra y lo suspendió de sus funciones.La Comisión de Ética del Congreso lo halló culpable y perdió su curul. En octubre de 2016, finalmente Cunha sería detenido por corrupción, lavado de activos y evasión fiscal.

Las investigaciones sobre el caso Odebrecht dejaron expuestas las viejas estructuras políticas anteriores al progresismo. La forma de actuar de Eduardo Cunha es un claro ejemplo de ello. Por toda América Latina se repiten casos como este, donde los corruptos de las fuerzas neoliberales que, con silencio cómplice, aún sobreviven bajo la protección de empresas de comunicación. Los políticos corruptos son los alfiles de las operaciones que todavía permiten el uso de los recursos públicos en beneficio de los grupos empresariales. Grupos que al perder el control del Estado, desde la llegada de los gobiernos progresistas en América Latina, han visto en las investigaciones de actos de corrupción, la más grave amenaza a la principal fuente de sus riquezas malhabidas.

Artículo publicado en La Junta

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