Guerra de Vietnam: 40 años de la heroica victoria

Artículo – 40 años después de la victoria de Vietnam sobre los Estados Unidos

*Amauri Chamorro

Esta semana se festejan 40 años de la victoria de los campesinos, plantadores de arroz, muertos de hambre y semi-analfabetos, sobre la mayor máquina de guerra de la historia con su tecnología, interminable presupuesto, aviones, Napalm Agente Naranja, industria cultural, mentiras y su prensa. Pese a que los norteamericanos causaron la muerte de casi 4 millones de vietnamitas, perdieron la guerra. Esta cifra equivale a casi el total de judíos que murió en los campos de concentración durante la Segunda Guerra Mundial. Pero la hipocresía de los gobiernos del mundo hizo que jamás condenaran la masacre norteamericana contra los campesinos asiáticos.

El día 30 de abril del 75 Vietnam puso de rodillas a los EE.UU y los obligó a retirarse de su territorio. La verdad es que el valiente pueblo vietnamita comenzó su guerra 50 años antes de la guerra con los Estados Unidos, resistiendo a invasiones de 7 naciones distintas. Francia, Estados Unidos, Australia, Nueva Zelandia, Corea del Sur, Filipinas, Tailandia y Taiwan, enviaron soldados para impedir que se instalara un nuevo gobierno comunista en la región. En plena Guerra Fría era inaceptable el avance del comunismo en el sudoeste asiático que ya contaba con la ex Unión Soviética, China y Corea del Norte.

La política internacional de Estados Unidos, tan mortífera como las napalm lanzadas en las villas de civiles en Vietnam, era comandada por un genocida, viejo conocido de América Latina: Henry Kissinger. El mismo que planeó y viabilizó las dictaduras militares en nuestro continente. Pero el mundo nunca tuvo la valentía de acusarlo por crímenes de lesa humanidad.

La derrota norteamericana en los campos político y militar fue tan traumática para su sociedad, que rápidamente la industria cultural, esta sí invencible, produjo todo tipo de producto cinematográfico para inventar una verdad: la de un Estados Unidos ganador. Pero la realidad supera la ficción; recordemos que los norteamericanos han perdido todos los conflictos en que han participado o propiciado: Irak, Afganistán, El Salvador, Nicaragua, Cuba, Corea, Irán y Vietnam.

Pero no importa ganar o perder. La guerra para los norteamericanos es como un falo, y asesinar tiene una relación existencial fetichista. La cultura de la violencia está garantizada en su Constitución, y eso reafirma que el Estado norteamericano está enfermo. Bajo ese mórbido existencialismo no es posible convivir en un mundo donde existan diferentes formas de pensar. La diferencia entre las culturas se resuelve a punta de bala. Saber que sus jóvenes torturaban en Abu Grahib y que quemaban con napalm villas llenas de niños en Vietnam, es un orgasmo colectivo para la sociedad norteamericana.

Algunos historiadores cínicamente dicen que las fotos y videos que mostraban la masacre realizada por los soldados norteamericanos a desarmadas comunidades de campesinos, hicieron que la opinión pública presionara al gobierno por el fin de la guerra en Vietnam. Lo que pasó en realidad es que la sociedad norteamericana se avergonzó de que el mundo supiera cómo la violencia satisface su imaginario. Es como si un sádico fuera expuesto públicamente; la vergüenza resulta de la exposición de su fetiche, no en el fetiche en sí.

En el ámbito político, el gobierno norteamericano se “retiró” de la guerra, lo cual es falso. La fabricación de esa “presión de la opinión pública” fue la excusa que el gobierno de los Estados Unidos utilizó para no tener que admitir en plena Guerra Fría que unos plantadores de arroz les dieron una paliza.

Para quien tiene más de 35 años de edad es un hecho que fuimos obligados a crecer con la secuencias cinematográficas de Rambo, donde se mostraba a un hombre fuerte, valiente, inteligente y lo suficientemente hábil como para vencer solo a los vietnamitas y soviéticos. La industria cultural norteamericana necesitaba dar la victoria que su homóloga industria político-militar jamás alcanzó. Recuerdo que en mi infancia “Rambo” se transformó en juguete y dibujo animado.

El heroísmo real, sin el artificio de efectos especiales, era de los vietnamitas. Durante los años 70 mis padres convivieron con vietnamitas que recibían becas de estudio de los gobiernos soviético y alemán-oriental, como forma de apoyar la resistencia. Según ellos, durante la dramática resistencia campesina, los vietnamitas nunca dejaron de educarse ni de alfabetizar a su gente. Para ellos la educación era cuestión de supervivencia, por eso, pese a la guerra, enviaban sus soldados a que obtuvieran títulos de primer nivel en excelentes universidades soviéticas y alemanas. Lo que más me impresionaba de su relato es el hecho de que los vietnamitas estudiaban en los intervalos de combate, en la famosa red de túneles que construyeron a punta de pico y pala en casi todo el país.

Es emblemático que en los mismos túneles que viabilizaron la victoria militar vietnamita, se alfabetizaba y se transformaba a campesinos en ingenieros. La voluntad de un pueblo sin recursos económicos fue inquebrantable frente a los bombarderos B-52 y la furia militar del Estado norteamericano. Eso sí es heroísmo.

Con su fuerza, Rambo no pudo contra la inigualable inteligencia de Ho Chi Min, que significa “aquel que alumbra” en vietnamita. Min fue el líder de la resistencia y quien ingeniosamente mostró el camino hacia la victoria. Infelizmente, murió algunos años antes del fin de la guerra y no pudo ser testigo del momento en el que un tanque vietnamita entró al Palacio de la Presidencia en Hanói, marcando así la victoria de sus combatientes.

Estoy seguro que History y Discovery Channel no harán un especial sobre el genocidio perpetrado por los Estados Unidos en el país asiático. Para la comunidad internacional, el uso de armas químicas estadounidenses no existió. Nunca he visto ningún canal privado mostrando los actos de heroísmo de los combatientes vietnamitas o la victoriosa estrategia de Ho Chi Min. También estoy seguro de que no dirán la verdad sobre la victoria de la ex Unión Soviética en la Segunda Guerra Mundial. Moscú puso 20 millones de muertos y su Ejército Rojo fue el que venció a los alemanes.

Festejar los 40 años de la victoria de Vietnam sobre los Estados Unidos me hace comprender aún más el porqué de la afirmación de Obama durante la reciente Cumbre de las Américas cuando aseguró que “no le interesaba la historia”.