Ganamos la elección y perdimos políticamente

Cuando vi el video de la brutal agresión de Jacobo Bucaram, hermano del candidato presidencial Dalo Bucaram, al tío de 67 años de Vicepresidente de la República del Ecuador me sentí indignado. No solo por el nivel de agresividad del golpe, como por la cobardía de haber sido perpetrado por la espalda. La sobrina menor de edad fue testigo, así como sus amigos y otros frecuentadores del restaurante, que paralizados no hicieron nada, pese a sentir la misma indignación que yo. Después que el agredido cae sobre la mesa resultado de un golpe en su rostro, Dalo y Jacobo salen caminando tranquilamente, seguros de la impunidad, protegidos por el miedo de la sociedad, absueltos por 40 años de vida política construida a base de violencia y muerte. Hasta la presente fecha Jacobo camina tranquilo por el país, burlándose en redes sociales y mostrando que al que grita más alto, no le pasa nada. Pese a que la denuncia fue realizada y la Fiscalía debería actuar, el mensaje que se dio al país es que o estamos acobardados, o se hizo un calculo político para no afectar la campaña. Las percepciones no respetan lo jurídico.

Ese trágico hecho es la representación de lo que está sucediendo con el escrutinio de las presidenciales en Ecuador. Vemos un asalto a los votos de Lenín Moreno. Al igual que los hombres y mujeres que fueron testigos de la brutalidad del Bucaramato en el restaurant, los más de 4 millones de ciudadanas y ciudadanos que votamos por Lenín hasta ahora nos quedamos apenas como testigos atónitos de lo que sucede en el CNE, atónitos por la violencia y la agresividad del discurso de CREO. Por primera vez, la derecha realmente nos está robando todo, inclusive la esperanza.

La demora de AP en pegar el grito al cielo para denunciar la inconsistencia en el conteo de los votos me dejó una sensación de que ganamos la primera vuelta presidencial, pero perdimos en lo político. La narrativa del resultado electoral es conducida por la bravuconeria de Páez. Sobre la voluntad de una mayoría de la población votante, prevalece un discurso de odio y violencia que cala muy bien en ciertos sectores de la clase media, media alta y alta. La violencia de CREO que se desata de manera verbal y no verbal ha capitalizado una presión hacia el CNE que confundió durante un tiempo a los votantes y a la misma dirección de AP, perdiendo un irrecuperable tiempo político para demonstrar de que el fraude era en contra de nosotros. Inclusive se instaló en la izquierda algo como “no tenemos miedo de ir a una segunda vuelta y ganaremos con 2 millones de votos.” Ese discurso de que me cacheteas en la cara y no pasa nada solo fortaleció a CREO y legitimó su modus operandi violento. Es como decirle a Jacobo Bucaram, “para que veas que no tenemos miedo, aquí esta mi otra mejilla para que me golpees nuevamente”.

Hay que volver a contar cada voto. Yo, así como millones de ecuatorianas y ecuatorianos, queremos que se recuenten absolutamente todos los votos. No las actas, sino los votos. Ya no creemos en los procesos, en las normativas, en el sistema. Solo creo en lo que está dentro de las urnas. Inclusive para que, si es el caso, iniciemos una segunda vuelta seguros de que la derecha no opera dentro del CNE, y que pondremos el pecho a las balas de cabeza erguida y orgullosos como siempre de defender el legado del Presidente Correa.

No pisaremos en las trampas discursivas de Guillermo Lasso y Andrés Páez, con su llamado a incendiar Quito, invadir instituciones públicas, que incentiva a un niño a colgar del cuello a una oveja, simulando el ahorcamiento de un militante correísta. Lo que él quiere es un enfrentamiento cuerpo a cuerpo, sea con las fuerzas de seguridad o con la militancia. El único que ganaría con eso será CREO, que con amplio apoyo mediático repetirá al mundo que somos nosotros los violentos. Lo que exigimos es que desde la dirección de Alianza PAIS y de la Coordinación de la campaña de Lenín, se actúe dentro de la ley y con agudeza política, sin caer en la inocencia de creer en el mismo discurso de CREO de que tenemos el control de la Función Electoral.

Lenín Moreno, Jorge Glas y los nuevos asambleístas tienen la obligación de pedir el reconteo absoluto de los votos. No queremos ni uno a más, pero tampoco tener ni uno a menos.

 

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