Especulaciones mediáticas: una forma masiva de violencia

Diario Expreso del Ecuador publicó el día de hoy, 13 de febrero de 2017, nuevamente un reportaje “Sin”. Sin decir nombres, sin presentar pruebas, sin entrevistar a los supuestos corruptos que integrarían un nuevo esquema de corrupción en el gobierno de la Revolución Ciudadana. Al igual que la pantomímica primicia sobre la lista de Odebrecht, o la ridiculez de entrevistar al ex ministro prófugo Carlos Pareja Yanuzzelli, que acusaba al Vicepresidente Jorge Glas sin presentar una sola prueba; este tipo de actuación es una movida clásica resultante del uso de empresas de comunicación como actores políticos.

En la última semana de la segunda vuelta electoral del 2014 en Brasil, Dilma Rousseff (PT) y Aécio Neves (PSDB) disputaban voto a voto la presidencia de la República. La prensa brasileña ya había invertido su capacidad panóptica en la vigilancia del PT, de Dilma y de Lula, para bajarle votos a la ex presidente, lo que permitiría que Neves –socio de la Globo– pudiera devolver la sexta economía del planeta a las viejas estructuras de poder.

Como última medida electoral en favor de Aécio Neves, la revista Veja del Grupo Abril, uno de los más grandes conglomerados mediáticos del planeta, decidió adelantar su tradicional publicación semanal hecha los domingos, para el viernes anterior a las elecciones. Su portada decía: “Ellos sabían de todo”. La foto de Dilma y de Lula utilizada para ilustrar la acusación, era la antesala de una falsa denuncia. Según Veja, el principal detenido por el caso “Lava-Jato” había denunciado que ambos sabían de la corrupción en la Petrobras. El acusado nunca había hablado del el tema, y hasta el día de hoy no se ha presentado ninguna prueba. El abogado del detenido tuvo que salir públicamente a desmentir la portada de Veja.

Esa portada apenas 3 días de la votación era la centésima en contra del PT. Durante más de 30 años Veja dedicó una gran cantidad de portadas para atacar con mentiras y desinformación la ascensión de aquel que llegó a ser el más grande partido de izquierda del mundo occidental. Ni qué decir sobre Lula. El acoso mediático sin pruebas es tan grave en Brasil, que Doña Mariza Leticia, esposa y compañera de luchas de Lula, falleció de un aneurisma cerebral el último tres de febrero, al no resistir tres años consecutivos de acusaciones de corrupción, sin ninguna prueba en su contra.

Después de la publicación de la portada de Veja, el PT entró con una acción legal ante el Tribunal Superior Electoral brasileño y consiguió derecho de respuesta, que igual sería aplicado una semana después de la elección. Al día siguiente de la publicación circuló un audio vía Whatsapp, con el rumor de que el supuesto denunciante había sido envenenado por Dilma, como venganza por denunciarla. La Policía Federal y la Judicatura brasileñas salieron a desmentir la falsa muerte. El daño ya estaba hecho.

A pesar de que Dilma Rousseff ganó las elecciones, las mentiras de las empresas de comunicación, sumadas al desastroso manejo comunicacional del Gobierno Federal y del PT, permitieron la consolidación de un ambiente político y social que aceptó todo tipo de atropello al Estado de Derecho. Atropellos de un juez que violó la constitución, de una Suprema Corte a la que le valió un bledo la inconstitucionalidad de las medidas tomadas por ese mismo juez, de una Fiscalía que acusó con base en hipótesis, y de jueces que prevaricaron sin ser incomodados. Todo orientado a destruir a la izquierda como opción política, inviabilizar la candidatura de Lula y proteger al corrupto Michel Temer y su banda criminal que actúa en el Congreso.

La conducta de las empresas de comunicación brasileñas, al igual que ocurre en Ecuador con Expreso, Teleamazonas, El Comercio, Ecuavisa y El Universo; permitió crear un ambiente de secesión donde cualquier tipo de agresión física en contra del progresismo sea visto como “justificado”. Bandos anti petistas asesinaron a golpes a jóvenes que ni siquiera eran del PT simplemente por utilizar camisetas rojas, color de ese partido. Miremos a las marchas de los “camisas negras” de Andrés Páez y encontraremos la génesis del mismo comportamiento.

El ambiente creado por falsas denuncias, que al final de cuentas si quiera son investigadas por las autoridades –ya que carecen de pruebas materiales– da a la población una sensación de impunidad generalizada. Esa frustración lleva a la gente a crear un odio que se expresa en las urnas y en las calles.

Publicar especulaciones es una forma masiva de violencia. El gobierno y la Fiscalía del Ecuador deben reaccionar inmediatamente en contra de esa falsa libertad de expresión, que provoca la ira de las personas que acaban convirtiéndose en “camisas negras”. Porque la historia se repite: las mentiras de los medios de comunicación, alimentando la ignorancia de la turba y trabajando de la mano de traidores, arrastraron y quemaron al más grande de todos los ecuatorianos, Eloy Alfaro. Basta conversar con los jefes de las redacciones y los líderes anticorreístas, para comprobar que su semántica llena de odio y su falta de sustentación argumental, reducen su existencia como sujetos históricos, a la simple tentativa de desaparecer al oponente. A final quien define la historia son los vencedores, y en esta última década ha sido el pueblo ecuatoriano.

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