Dilma, Lula y la samba política Brasilera

Fotografía: Marcha Patriótica
Lula Da Silva y Dilma Rousseff, líderes del PT, enfrentan graves procesos judiciales por un escándalo de corrupción que pone en riesgo la institucionalidad del Gobierno de Brasil. ¿Cómo llegó la progresismo a esta situación tan compleja? Hay que comprender qué conflictos de intereses hay detrás de la crisis política en la economía más grande de América Latina.

Brasil es un país megadiverso en su cultura, en sus riquezas naturales y en su complejidad política. No se puede comprender la actual situación del país, así como los hechos que pueden llevar el ex presidente Lula a la cárcel, a partir apenas de un ángulo.

Quiero constatar que sí es muy probable,  el ex presidente Lula será preso en cualquier momento,  la presidente Dilma será derrocada hasta dos meses después de un juicio político, y que habrá un esfuerzo para suspender los derechos políticos del Partido de los Trabajadores (PT), impidiendo su actuar. El progresismo no será más el mismo en América Latina.

Después de este breve ejercicio de anticipar hechos, debemos comprender los factores de la crisis en la sexta economía más grande del planeta.

1. El ex presidente Lula decidió gobernar de la mano con la ultra derecha brasileña. Tanto para llegar a la presidencia como para viabilizar un gobierno de coalición, Lula escogió un camino subordinado al mercado financiero, a las empresas de comunicación y los partidos corruptos de derecha. Sin reformas estructurales, sin una constituyente y una reglamentación de los medios de comunicación, el proyecto de izquierda brasileño era muy vulnerable al poder de la corrupta oligarquía. Es más, esa oligarquía era la columna vertebral del gobierno de Lula en el Congreso. Para la derecha, gobernar con Lula era un buen negocio. Después del fracaso de Fernando Henrique Cardoso en lo económico, y ya sin tiempo para privatizar el patrimonio del pueblo brasilero, era hora de que la conducción del ejecutivo tuviera mínimamente olor a pueblo. Vale recordar que en la era neoliberal, en Brasil morían 300 personas de hambre diariamente.

2. La exitosa gestión económica del gobierno de Lula, así como los fantásticos logros sociales, dieron al ex presidente índices de aceptación superiores al 70% en casi todos sus dos mandatos. Lula consiguió integrar al mercado de consumo a más de 40 millones de brasileños, permitiendo así dinamizar su diversa economía, principalmente en la región norte del país, históricamente relegada a la producción de los peores índices de desarrollo humano. Lula inauguró más universidades durante sus 8 años en la presidencia que durante los 120 años de republicanismo que lo sucedían.

3. En su segundo año de mandato, salió a la luz un escándalo de corrupción llamado “Mensalão”, que quiere decir “la mensualidad” en portugués, en el que se acusaba de pagos mensuales a los congresistas para que votaran favorablemente al gobierno. Este caso le costó la cabeza a todo el primer escalón de su gobierno, así como del PT. A pesar de que el esquema de corrupción en realidad no era de compra de votos, y sí de pago de deudas de la campaña del 2002, los posibles candidatos a presidente para la sucesión de Lula desaparecieron. Era necesario un cuadro con trayectoria intachable, con capacidad de gestión y que sorprendiera el electorado. A partir de esas primicias, surge el nombre de Dilma Rousseff, ministra de minas y energía, con una vida académica y profesional respetable, ex miembro del Partido Democrático de los Trabajadores (PDT), y ex guerrillera durante la dictadura. Era muy atractivo lanzar por primera vez una mujer a la presidencia. Vale recordar que la presidente Dilma estuvo presa durante 4 años, período en que fue brutalmente torturada, sin que los verdugos pudieran sacarle cualquier información. Con todas estas virtudes, la presidente Dilma ya presentaba una inmensa incapacidad de articulación política durante su momento como ministra. La decisión de transformar a Dilma en la sucesora fue prácticamente exclusiva de Lula. Nunca se discutió con las bases. Su círculo más cercano recomendaba otros nombres.

4. Durante el gobierno del ex presidente Lula, la inversión en tecnología para investigación en explotación, permitió que la Petrobras, estatal petrolera, descubriera más petróleo y gas en alta mar, convirtiendo a Brasil en el portador de la tercera reserva más grande de crudo del planeta. Este es un hito fundamental para entender el inicio de la crisis económica, política, jurídica y social que sucede actualmente. Los Estados Unidos de Norte América iniciaron una gran ofensiva para apoderarse de esta nueva reserva petrolera. Edward Snowden, así como Wikileaks, confirmaron la información de que los EE.UU. habían iniciado una ofensiva por el petróleo. En el campo político, las fundaciones subordinadas a las multinacionales petroleras, más específicamente de los hermanos Koch, comenzaron un proceso de financiamiento ostensivo de la derecha brasileña, con la intención de derrocar al gobierno del PT. Se descubrió que las agencias de espionaje de ese país interceptaron las comunicaciones, inclusive de la misma Presidente. El objetivo era evidente, privatizar las reservas brasileñas.

5. La capacidad de articulación política de Lula y su indiscutible liderazgo mundial dificultaron los planes de secuestro de los recursos estratégicos por parte de los EE.UU. Cuando la presidente Dilma asumió su primer mandato, decidió realizar una maniobra política muy arriesgada, rompiendo con los acuerdos pre existentes entre el PT y las fuerzas conservadoras, e iniciando un cambio de ministros heredados de Lula, quienes tenían denuncias de corrupción. Esto fragilizó el dique institucional y político de contención de la arremetida norteamericana. La pésima gestión política, la falta de carisma y su negación al diálogo, inclusive con las bases sociales que la eligieron, iniciaron el aislamiento de la presidente Dilma. Gobernar se hacía imposible con unas estructuras de poder y una constitución conservadoras, heredadas del fin de la dictadura militar, sin la menor capacidad de análisis, con una pésima comunicación política e institucional. Dilma ganó su reelección más por errores de los adversarios que por méritos propios. Y desde su segunda victoria, nunca más pudo gobernar. Inclusive por muy poco el ex presidente Lula no fue el candidato en el 2014. Las fuerzas del PT que no aguantaban más la incapacidad de diálogo de Dilma, acostumbrada a gobernar sola, presionaron para expulsarla del partido.

6. En marzo de 2016, el ex presidente fue invitado por Dilma a ser Ministro de la Casa Civil, algo como Ministro de Gobierno. Pero en realidad la invitación de la presidente Dilma ha sido una posibilidad abierta desde agosto del 2015, y avalada por el PT. El objetivo era que Lula retomara el control sobre el gobierno y sacara al país de la crisis. Con su inminente prisión, Lula aceptó su nombramiento, lo que además le aseguró fuero especial. Como Ministro, Lula no solo permitiría mantener a flote al gobierno de Dilma, sino también frenar la posibilidad de ir a prisión. Con ese evidente desenlace, el juez Sergio Moro decidió filtrar los audios ilegales que registraban una conversación de Dilma y Lula sobre el documento de posesión como Ministro. Quedaba claro de que era una maniobra para eludir la posibilidad de ir detenido. Transmitido en horario estelar por las empresas de comunicación, parte la legitimidad de su nombramiento se evaporó en segundos. La legalidad de esta decisión fue impedida por una acción de los partidos de oposición que acusaban de que el nombramiento era parte de una acción de obstrucción de la justicia. El audio no puede ser utilizado como prueba, ya que fue obtenido de manera ilegal. La justicia no lo consideró así, y aceptó el impedimento de Lula.

7. El presidente del Congreso brasileño inició el proceso político en contra de Dilma, apenas unos días después del nombramiento de Lula como Ministro.Dilma no solo no tiene una base de parlamentarios para sobrevivir, sino que acumula un enorme rechazo por parte de todos. Inclusive de la izquierda. El rito para tumbarla no durará más de dos meses. No hay ninguna prueba que permita que este juicio político sea legal, igualmente los medios le darán un aire de “justo”, y las cortes federales permitirán el atropello a la constitución.

Las investigaciones que culminan con el pedido de prisión del ex presidente Lula, son parte del caso “Lava-Jato” que recogen denuncias de corrupción en la Petrobras. El Juez Federal de primera instancia, Sergio Moroquien se ha manifestado abiertamente en contra de Dilma, lidera las investigaciones. A menos de un mes de asumir su segundo mandato, comienza a filtrar las querellas y datos sobre las investigaciones. Él sabía que esa información sería el combustible para ganar un aire de jinete salvador del país.

El mal manejo comunicacional del caso “Mensalão” por parte del PT, así como la falsa sensación de que Lula podría resolver todos los problemas del país, inclusive sin ser presidente, permitieron que la opinión pública fuera tremendamente golpeada por un nuevo escándalo de corrupción como la Lava-Jato. Conforme el avance de la investigación, el 75% de los nombrados por los detenidos como beneficiarios del esquema son de partidos de derecha, incluyendo el candidato presidencial por el PSDB Aécio Neves, el Vicepresidente de la República y miembro del PMDB, Michel Temer, y el presidente del Congreso, Eduardo Cunha. Lo que era predecible es que ninguno de los acusados que no forman parte del PT, fueron siquiera investigados por el juez Sergio Moro.

Con esos elementos se arma la tormenta perfecta. El mal desempeño de la economía, la incapacidad de Dilma de dar un simple discurso, la cobertura mediática a las investigaciones en contra del PT, y el amplio apoyo de las clases medias altas y altas, han permitido que las ilegalidades cometidas por las investigaciones sean aceptadas socialmente. Sergio Moro ha cometido inconstitucionalidades como la aprehensión coercitiva del ex presidente Lula y la notoria entrega de audios, capturados de manera ilegal a partir de grabaciones a los teléfonos de la presidente Dilma. También ha participado en eventos de los partidos de derecha, se ha manifestado públicamente sobre el caso antes de tomar decisiones, etc. Pese a todo esto, los grandes medios de comunicación lo aplauden.

En términos de la disputa por la conciencia brasileña, Lula aún puede jugar a favor del progresismo. Este fin de semana, una marcha de apoyo al PT, tan grande como la marcha de oposición, demostró que no cederán tan fácilmente. Pero lo que vale ahora es lo que pase en el Congreso y en el Tribunal Superior Federal. La decisión de tumbar a Dilma, así como la prisión de Lula, dependen de los poderes políticos, donde la corrupción e ineficiencia no permitirán que magistrados y legisladores actúen con la Constitución en la mano.

Publicado en: Marcha Patriótica

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