Amauri Chamorro: La esquina del barrio es más importante que un tweet para hacer política

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“Es más importante una esquina conquistada que un tweet, que un retweet o que un like de alguien”. Si Amauri Chamorro no fuera uno de los principales asesores en comunicación de la izquierda latinoamericana, se pudiera pensar al escucharlo que se trata de un nostálgico de la época en que la política se hacía estrechando manos y alzando niños en los parques de provincia.

Pero Chamorro no subvalora el poder de las redes sociales e Internet, sino que alerta sobre la “hiperdependencia” de la tecnología y su consecuente efecto negativo en la relación de los proyectos políticos con las grandes mayorías.

“Las redes sociales te pueden ayudar a ganar una elección, pero no definen una campaña”, asegura en diálogo con Cubadebate durante el XXIV Encuentro del Foro de Sao Paulo.

Con 20 años de experiencia en campañas y consultorías, Chamorro ha asesorado a gobiernos y partidos progresistas a lo largo y ancho de América Latina y el Caribe.

También ha ejercido como coordinador de la mayor agencia experimental de comunicación y artes de Brasil, y como docente de varias áreas de la comunicación como Planificación de Campaña, Planificación de Medios, Práctica Publicitaria, Redacción Publicitaria, Arte y Creación.

Se graduó de Comunicador Social en la Universidad de Sorocaba, Brasil, y se hizo Máster en Comunicación Política por la Universidad Autónoma de Barcelona. Pero, este brasileño-ecuatoriano asegura que donde más ha aprendido es en frecuentes viajes por la región y el contacto con su gente.

Aunque ha dedicado la mayor parte de su trabajo a desmontar los mecanismos de legitimación a los que recurre la derecha para imponer sus intereses, también recibe críticas entre los correligionarios por su visión estratégica sobre la “resignificación” de las revoluciones.

―Difícilmente se pueda hacer política sin las redes sociales en el siglo XXI. ¿Pero es posible hacer política solo en Internet y aún así triunfar?

No nos confundamos, las redes sociales dieron una impresión de que la comunicación es más importante de lo que realmente es.

Nosotros tenemos que ganar todos los días las calles. Es más importante una esquina conquistada que un tweet, que un retweet que un like de alguien. Porque las esquinas son las espacios físicos de convivencias de las personas y es ahí donde nosotros tenemos que ganar: en la política, produciendo política para nuestras sociedades.

El Internet, la redes sociales y la comunicación 2.0 yo diría que vienen para ayudar en ese proceso, pero no a sustituirlo. Las izquierdas en nuestro continente son también muy influenciadas por grupos de consultores que antes trabajaban para los medios de comunicación, para la derecha, y se nos han infiltrado.

Metieron el chip en muchos sectores de la hipernecesidad de las redes sociales, que son una trinchera también que no podemos perder, pero no son más importantes que una esquina.

Vale la pena comprender su real dimensión, dominar el lenguaje de la tecnología. La tecnología es un commodities (bien o materia prima); por sí sola no sirve para nada. Si yo no entiendo políticamente qué es lo que yo quiero y a partir de eso exploro nuevos lenguajes y nuevos códigos, no estoy haciendo nada.

Debemos resignificar nuestras revoluciones, lo que no quiere decir que estamos atentando contra el significado inicial de esta gran épica maravillosa que han sido no solo la Revolución Cubana, sino todas las revoluciones y modelos progresistas que se han implementado.

―¿Qué implica resignificar una revolución?

Es hacer que las personas se den cuenta de que en la revolución está el mejor camino para vivir bien, en un mundo justo y equitativo. Porque esos valores de justicia y equidad son universales, pero las personas a veces no entienden que en la revolución está el camino.

Tengo que repensar la forma de decirle a la gente, de que vean los videos, de que lean un texto, de que escuchen algo que les haga pensar.

Pero si continúo hablando y usando los códigos de cuando esas personas no habían ni nacido es más difícil conectarme con ellos y ese es el gran desafío, que los movimientos de izquierda de nuestro continente entiendan una necesidad de repensarse, inclusive en la forma de hacer política, no solo la forma de comunicarse, también la forma de construir los procesos políticos.

Tienes que repensarla para las personas menores de 35 años, que es al mitad de las poblaciones de nuestro continente. Ellos se relacionan con su entorno de manera diferente a cómo se hacía antes y la comunicación es parte de ese entorno.

―¿Por qué es más fácil vender el odio que una idea justa en Internet?

Freud explicaba que la violencia y los fetichismos son inherentes al ser humano.
Cuba tiene una características diferente, incluso por su geografía. El proceso revolucionario pudo a lo largo de los años hacer un cambio profundo a nivel educacional.
La formación del cubano es muy distinta de la de los otros pueblos -y eso es otra gran ventaja-, porque Cuba pudo profundizar y dar los instrumentos a su gente para percibir el mundo de una manera más amplia de lo que nosotros hemos tenido oportunidad. Pero a su vez las fuerzas hegemónicas que quieren destruir el proceso de la Revolución Cubana también entendieron cómo funcionó, qué fue lo que hizo Cuba.
Obviamente los procesos y la Revolución Cubana están en constante actualización o modernización, ahora nosotros tenemos que hacer un upgrade de este proceso revolucionario que entienda cómo corregir esos espacios a donde inevitablemente ha intentado conquistar el imperialismo, no solo el norteamericano.
Pienso que es hora de una actualización en el sentido comunicacional, de comprensión del mundo a nuestro alrededor. El Internet nos provee de algo muy importante: información.

―Y la información es revolucionaria…

Cuanto más tengamos capacidad de escuchar lo que las personas hablan en las redes va a ser más fácil construir procesos comunicacionales que enganchen con esas personas.

Porque el tema del big data yo creo que es lo mejor que le podría pasar a la izquierda, porque es más barato invertir en big data que comprar y armar canales de comunicación, subir satélites.

Tratamos de entender y comprender esa data, que es una gran fuente de información que te permite percibir comportamientos y segmentar los públicos.

sí es más fácil crear puentes para dialogar, no solo para comunicar.
Tenemos que entender que la ciudadanía ya no te acepta un monólogo. Si nosotros cambiamos nuestros paradigmas de comunicación vamos a salir ganando.

―La izquierda, inclusive la cubana, es muy efectiva en el diagnóstico de los métodos de manipulación de la derecha, pero no lo es tanto a la hora de tomar la ofensiva, de construir una alternativa. ¿Qué está fallando?

Cuba es el país que tiene las mejores condiciones para el enfrentamiento comunicacional, incluso en la era digital, porque pudo durante 60 años formar generaciones con gran capacidad de acceso a información. Además, tienen una formación humana que les ayuda a percibir el mundo de manera más profunda.

Conversar con un niño de 15 años aquí en Cuba es equivalente a hacerlo con uno de 40 en otro país. Esa formación te permite analizar lo que es importante. Y algo en lo que Cuba está avanzando fuertemente es en trazar una estrategia y aplicarla.

Hay tres fases que se recomiendan en nuestra metodología comunicacional, la primera es el diagnóstico profundo, un diseño de estrategia que permita entender cuáles son los recursos que tenemos a disposición para lograr los resultados y luego la ejecución.

Si uno no hace un buen diagnóstico se equivoca en la estrategia y no llega al resultad; o si llega no sabe que llegó.

Lo que yo veo en el proceso de modernización del sistema económico cubano, la forma de pensar, he percibido de manera explícita cómo tienen claro hacia donde van y en este momento se han tomado las decisiones.

Yo creo que han hecho un excelente diagnóstico que ningún país de la región tiene y a su vez van a desarrollar un proceso a largo plazo, porque Cuba no trabaja para dos o tres años como hacen nuestros países de América Latina, porque están basados en el modelo democrático burgués cada cuatro años. Están más preocupados por cuánto va a mentir el medio de comunicación y los empresarios que dialogar con la ciudadanía para explicarle qué proyecto es mejor para el país.

Entonces aquí sí se puede construir e implementar un proyecto a largo plazo que permita construir un modelo más equitativo y participativo.

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